Me había traído una cámara barata.
La desplegué con las dos manos.
Me preguntaba si las chicas hablarían hoy de Daniel. Me preguntaba, lo que es peor, si preferirían que hubiera venido él en su lugar.
Volví a doblar la nota y salí al calor.
***
El auditorio olía a cera para suelos y a perfume barato. Me senté siete filas más atrás con la cámara apoyada en mi rodilla lesionada, intentando mantener las manos firmes. Llevaba veintidós años esperando precisamente esta mañana, y aun así me sentía como si estuviera a punto de dejar caer una botella de leche.
La desplegué con ambas manos.
***
Las chicas fueron desfilando por el escenario de la universidad una tras otra.
Llamaron primero a Ava.
Empezó a llorar antes incluso de que su nombre hubiera terminado de resonar por los altavoces. La vi secarse la cara con la manga de esa toga negra y reírse de sí misma a mitad del escenario.