—Yo, hace años.
—¿Y su hija?
Miré hacia Hailey.
—Ayer.
La investigadora frunció el ceño.
—¿Su hija llevaba seis meses en contacto con ella sin que usted lo supiera?
—Sí.
No intenté
justificar.
Era la verdad.
—¿Rachel habló de amenazas?
—Sí.
—¿Nombres?
—No.
—¿Su esposo?
Respiré.
—Murió hace dieciséis años.
—¿Accidente?
—Sí.
La mujer hizo una nota.
—¿Está segura?
Esa pregunta me molestó.
—Eso nos dijeron.
—No quise ofenderla.
—No.
Miré la mesa.
—Yo tampoco estoy segura de nada ahora.
Horas después nos permitieron ver a Noah.
Hailey le tomó la mano.
—¿Se lo van a llevar?
La trabajadora respondió con cuidado.
—Necesitamos asegurarnos de quién puede cuidarlo legalmente.
Hailey empezó a llorar.
—Pero es familia.
—Eso se va a investigar.
Yo la abracé.
—Escúchame.
—Mamá.
—No vamos a huir con él.
—No quiero que termine con desconocidos.
—Yo tampoco.
—Entonces…
—Vamos a demostrar quién es.