Aun así, dejó el tenedor junto al plato y dijo: «Cami, ese honor le corresponde a tu verdadero papá. No quiero ocupar un lugar que no es mío». Camila respondió «Está bien», enjuagó su plato y subió sin portazos. Su silencio dolió más que cualquier grito.
Podría haberle exigido que cambiara de opinión. No lo hice. No quería a nadie a su lado solo porque yo lo había pedido. Quería que Rodrigo comprendiera por sí mismo que ya se había ganado ese lugar. Esperé. La disculpa no llegó.
La petición de Camila
Esa noche la encontré mirando el techo. «No se equivoca, mamá. No es mi papá biológico». Le dije que eso no significaba que no fuera familia. «Ya lo sé. Pensé que ya no importaba. Parece que a él sí le importa». Cuando le pregunté con quién quería caminar, respondió: «¿Puede ir el abuelo? ¿Solo el abuelo?».