Ella lo hizo.
Cuarenta minutos después salió del área del banco de sangre con las piernas débiles.
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Todavía llevaba la venda pegada al codo cuando vio a una enfermera empujando una pequeña hielera médica.
No habría prestado atención si no hubiera visto la etiqueta.
VALERIA TORRES.
Su nombre estaba escrito en un costado.
La curiosidad pudo más que el cansancio.
Siguió a la enfermera por el pasillo y la vio entrar en un cuarto lateral.
Desde la puerta, Valeria alcanzó a distinguir la bolsa que contenía la sangre que acababa de donar.
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La enfermera la sacó.
Y la dejó caer dentro de un contenedor rojo para residuos biológicos.
Valeria sintió que algo no encajaba.
Quizá había entendido mal.
Quizá aquella bolsa no era la que acababa de donar.
Quizá existía un procedimiento que ella desconocía.
Entonces escuchó risas.
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Venían de la habitación VIP.
La puerta estaba entreabierta.
Bruno volvió a hablar.
«No puedo creer que volvió a caer».
Valeria avanzó apenas dos pasos.
Desde el pasillo pudo ver a Diego.
Estaba recostado en la cama.
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No tenía heridas visibles.
No llevaba oxígeno.
No tenía yeso.
Ni siquiera parecía alguien que acabara de salir de una cirugía complicada.
Sostenía un café en una mano y su teléfono en la otra.
A su alrededor estaban Bruno, Emiliano y otros amigos.
Nadie tenía cara de preocupación.
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Nadie hablaba de médicos.
Nadie preguntaba por una operación.
Estaban celebrando.
Y entonces Emiliano preguntó algo que hizo que Valeria prestara todavía más atención.
«¿Qué número fue este?»
Bruno empezó a contar con los dedos.
Valeria no sabía qué estaban contando.
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Hasta que escuchó la respuesta.
«Noventa y seis».
En ese instante, la sangre que había donado dejó de ser el centro de la historia.
El centro era ella.
Las noventa y seis veces.
Uno de los amigos recordó el brazalete que supuestamente Diego había perdido.
Diego había hecho que Valeria lo buscara durante cuatro horas bajo la lluvia en Parque México.
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Ella terminó con fiebre.
En aquel momento creyó que simplemente había tenido mala suerte.
Ahora descubría que había sido una prueba.
Otra persona mencionó la noche en que le hicieron creer que Diego estaba en terapia intensiva.