Valeria cerró la maleta.
No lloró.
Todavía no.
Antes necesitaba saber hasta dónde llegaba la mentira.
Porque si los documentos universitarios habían sido falsificados a propósito, si aquella supuesta enfermedad había sido inventada y si el accidente de esa madrugada también había sido una actuación, entonces tres años de recuerdos podían contener muchas cosas que ella había interpretado mal.
La pregunta ya no era si Diego la amaba.
La pregunta era cuánto de la relación había sido real.
A la mañana siguiente, Valeria regresó a revisar sus cosas sin avisarle a Diego.
Encontró fotografías, regalos, recibos y pequeños objetos que durante años habían parecido pruebas de una relación normal.
Ahora los miraba de otra manera.
No porque todos fueran falsos.
Sino porque ya no sabía cuáles habían nacido de una decisión sincera y cuáles habían sido utilizados para mantenerla dentro del juego.
Entonces recordó algo aparentemente insignificante.
Una fotografía que Diego siempre había guardado en un cajón y que nunca dejaba que ella revisara.
Hasta ese momento nunca había insistido.
Esa vez abrió el cajón.
La fotografía estaba allí.
Y detrás había una fecha.
Valeria la leyó dos veces.
No coincidía con el comienzo de la relación que ella conocía.
Coincidía con una época en la que Diego todavía le decía que Camila era solamente una amiga del pasado.
Valeria sostuvo la fotografía entre los dedos.
No sabía todavía qué significaba.
Pero sí sabía que no había terminado de descubrir la historia.
Mientras tanto, Diego comenzó a llamarla.
Primero una vez.
Después otra.
Luego varias veces seguidas.
Valeria no respondió.
No porque quisiera castigarlo.
Sino porque por primera vez entendía que responder inmediatamente también podía ser parte del mecanismo que durante años la había mantenido disponible para él.
Finalmente llegó un mensaje.
«Tenemos que hablar».
Valeria lo leyó.
Después apareció otro.
«No entiendes lo que viste».
Ese mensaje sí le confirmó algo.
Diego sabía que ella había estado allí.
Y, si lo sabía, entonces la conversación en la habitación VIP no había sido un accidente.
Quizá todavía estaban tratando de decidir qué versión contarle.