Y le dije que Teresa no volvería a quedarse en el departamento.
Valeria tardó en responder.
—No quiero que lo hagas solo porque estás enojado hoy.
—No.
—Porque mañana puede llorar. Puede decir que está enferma. Puede decir que no tiene a dónde ir.
Sabía por qué me lo advertía.
Mi madre conocía todos los botones que debía presionar conmigo.
—Entonces mañana también se va —dije.
A la mañana siguiente regresé solo al departamento.
Las mesas plegables seguían abiertas.
Había platos apilados, copas a medio recoger y servilletas arrugadas sobre el comedor.
Las invitadas ya se habían ido.
Teresa estaba sentada en la sala con ropa distinta y una bolsa junto a los pies.
No parecía la mujer que había presidido una comida para veinte personas.
Parecía mi mamá.
Y eso fue difícil.
Porque querer a alguien no hace desaparecer lo que esa persona hizo.
Tampoco convierte un límite en crueldad.
—¿Cómo está Sofía? —preguntó.
—La atendieron.
—Yo nunca quise lastimarla.
No contesté de inmediato.
—Pero la obligaste a seguir lavando cuando el agua le quemaba.
—Y encerraste el teléfono de Valeria.
—Tu esposa exagera todo.
—Sofía sabía dónde lo guardabas.
Teresa desvió la vista.
—Esa niña escucha cosas que no debería.
Sentí la vieja necesidad de discutir cada punto.
De demostrarle que estaba equivocada.
No lo hice.
—Ya no vas a vivir aquí.
Mi madre me miró como si no hubiera entendido.
—¿Qué dijiste?
—Voy a organizar para que recojas tus cosas. Hoy te llevas lo necesario. Después vemos cómo sacar lo demás sin que Valeria y Sofía tengan que estar presentes.
—Me estás corriendo de la casa de mi hijo.
—Te estoy pidiendo que salgas de la casa de Valeria y mía.
—Por ella.
—Por lo que pasó aquí.
Teresa empezó a llorar.
No era una actuación evidente.
Mi madre estaba dolida.
Y yo también.
Durante unos segundos tuve la tentación de sentarme junto a ella y decirle que encontraremos otra forma, que quizá podía quedarse unos días, que tal vez con reglas nuevas todo se arreglaría.
Era exactamente el tipo de negociación que me había llevado hasta ahí.
Así que no la hice.