Valeria no había pronunciado las palabras exactas que yo estaba esperando escuchar.
Pero yo tampoco había querido escuchar ninguna que me obligara a actuar.
—Pensé que si te decía todo de golpe ibas a creer que quería echarla —continuó—. Y ella me decía lo mismo.
—¿Qué te decía?
Valeria bajó la mirada.
—Que al final tú siempre ibas a escoger a tu mamá.
Esa fue la parte que más me costó aceptar.
Porque Teresa había utilizado algo real.
Mi comportamiento.
No necesitaba convencer a Valeria con una mentira completa.
Solo necesitaba recordarle cuántas veces yo había minimizado lo que pasaba.
Esa noche no le pedí a mi esposa que me perdonara.
Le dije que le creía.
Y le dije que Teresa no volvería a quedarse en el departamento.
Valeria tardó en responder.
—No quiero que lo hagas solo porque estás enojado hoy.