Todavía tenía en la mano la bolsa con el almuerzo cuando al doctor Ramiro se le llenaron los ojos de lágrimas.

Salí antes de que tomara otra decisión por mí.

Las cuentas de lo que costaba el cambio
Esa noche dormimos en cuartos separados. No era un castigo: necesitaba espacio. Al día siguiente le pedí la oferta completa, con horarios, guardias y fechas. Y fui descubriendo cosas: que había negociado dos entradas más tarde por semana, que había rechazado otra propuesta con más sueldo y peores horarios. Lo que quería

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