Empujé lentamente la puerta.
Y en aquel preciso instante vi algo que jamás habría imaginado, ni siquiera en mis peores pesadillas.
Lily estaba sentada en una silla diminuta, con lágrimas corriendo por sus mejillas.
Jake estaba arrodillado frente a ella, sosteniendo un pequeño objeto metálico.
—¡JAKE! —grité.
Se sobresaltó y el objeto cayó sobre la alfombra.
Eran unas tijeras pequeñas.
—¿Qué le estás haciendo a tu hermana?
Lily corrió inmediatamente a mis brazos. Revisé sus manos y su rostro, pero no tenía ninguna herida.
—Abuelita, Jake no está haciendo nada malo —susurró.
Jake permanecía en una esquina, intentando contener las lágrimas.
—Abuela, por favor, no te enfades. Quería contártelo, pero…
—¡Entonces explícame por qué tu hermana llora todos los días en esta habitación!
Bajó la cabeza.
—Porque se acuerda del abuelo.
Sentí que el corazón se me detenía.