Un anciano de 101 años enfrentaba la cárcel por robar en una tienda: cuando su vecina se levantó en la sala, todos conocieron la verdad

Entonces su vecina de treinta años, Margarita, se levantó al fondo de la sala.

—¡Señoría, espere! Anselmo me hizo prometer que no diría nada, pero no puedo callarme más.

—Margarita, me diste tu palabra —susurró él, pálido.

—Lo siento, Anselmo.

Sacó de su bolso una carta doblada. Miró hacia atrás, donde una joven sostenía a un niño dormido contra su hombro, y dijo que aquellas cosas no eran para Anselmo, sino para alguien que una vez le había salvado la vida.
La carta

El juez pidió la carta y la leyó en silencio antes de leerla en voz alta. Estaba escrita por Anselmo con letra temblorosa.

Contaba que hacía dos años, una noche helada, se había desplomado en plena calle al volver de la farmacia. Pasaron varios coches sin detenerse. Quien se detuvo fue una joven que entonces trabajaba de noche como cajera: Valeria. Se quitó su abrigo para cubrirlo, llamó a la ambulancia y se quedó a su lado hasta que llegaron los médicos. Perdió ese turno, y con él parte de su sueldo del mes.

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