—Ese colgante fue el último regalo de cumpleaños que Catherine le hizo a su hija. Lo mandamos fabricar especialmente para ella.
Lo sujeté con fuerza.
—Mi madre me dijo que lo llevaba puesto cuando me encontró.
Richard asintió.
—Tu madre adoptiva.
Aquellas palabras me golpearon con más fuerza que cualquier otra cosa aquella noche.
—¡Mi madre nunca me dijo que era adoptada!
—Quizá tenía sus razones, Emily. Por favor, no la juzgues antes de escuchar su historia.
Miré a la anciana.
Margaret me observaba con una expresión que jamás olvidaré.
No era confusión.
Era la esperanza desesperada de alguien que había pasado casi medio siglo esperando un milagro.
De repente, extendió los brazos hacia mí.
—Emmy, ¿recuerdas la canción?
Me quedé inmóvil.
—¿Qué canción?
Comenzó a tararear suavemente.
Era una antigua canción de cuna.
Una melodía que no había escuchado desde mi infancia.