Un desconocido me estuvo tocando el muslo durante casi tres horas en el autobús. Justo antes de bajar, me deslizó un pañuelo en la mano y me susurró: «Haz como si estuvieras mareada. Y hagas lo que hagas, no firmes nada».

Una madre puede volverse más fuerte que cualquiera que amenace el futuro de su hijo.

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