Daniel miró a su padre durante unos instantes.
Luego se volvió hacia los hombres.
—Pueden empezar.
En medio de la oscuridad, Ellen observó desde su ventana cómo los hombres sacaban a alguien de la casa en una camilla especial de transporte, cubierto con una sábana.
El rostro de Robert estaba completamente oculto.
Daniel observaba en silencio.
A la mañana siguiente, Ellen vio una cinta negra colocada en la ventana de la casa.
Junto a la puerta había una fotografía de Robert.
A su lado habían colocado flores.
Ellen se tapó la boca, horrorizada.
—¡Dios mío… Robert está muerto!
En cuestión de horas, la noticia se extendió por todo el vecindario.
La gente se reunió frente al edificio, llorando y recordando al hombre amable y trabajador que Robert había sido en otro tiempo.
Todos estaban convencidos de que la crueldad de su hijo lo había llevado a la muerte.