Volvió a comer como si nada extraordinario hubiera sucedido.
Mariana comprendió entonces algo importante.
La niña no estaba intentando reemplazar a su madre.
No quería olvidarla.
No estaba confundida.
Solo quería experimentar una escena que había visto muchas veces en otras familias.
Una cena.
Un cumpleaños.
Una mujer sentada a su lado preguntándole si quería más queso.
Nada más.
Y para una niña de cinco años, aquello significaba muchísimo.
Poco después llegó el pastel que Alejandro había encargado.
Era pequeño, con cinco velas.
Sofía juntó las manos emocionada.
Mariana y Alejandro cantaron para ella.
La niña cerró los ojos antes de soplar.
Tardó bastante.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Alejandro riéndose.
—Estoy pensando bien.
—¿Tan complicado es?
Sofía asintió con mucha seriedad.
Finalmente sopló las cinco velas.
Mariana aplaudió.
—¿Qué pediste?