Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

Sofía negó rápidamente con la cabeza.

—No puedo decirlo.

—¿Por qué?

—Porque no se cumple.

Alejandro sonrió.

—Esa regla sí la conoce perfectamente.

Compartieron el pastel.

Sofía terminó con un poco de crema cerca de la boca.

Mariana tomó una servilleta y se la limpió.

—Mamá.

—¿Sí?

—Lo estás haciendo bien.

Mariana se quedó inmóvil.

Alejandro soltó una risa corta que terminó convirtiéndose en un suspiro emocionado.

—Gracias —contestó Mariana—. Es mi primera vez.

Sofía se inclinó hacia ella.

—Yo te puedo enseñar.

Y los tres rieron.

Cuando terminaron la cena, Alejandro pagó la cuenta.

Mariana seguía teniendo todavía unos minutos antes de regresar a trabajar, así que caminó con ellos hasta el estacionamiento.

Sofía tomó la mano de Alejandro.

Después buscó la de Mariana.

Durante unos metros caminaron los tres juntos.

Nadie habló.

No hacía falta.

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