Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

En aquel momento, Mariana pensó que probablemente nunca volvería a vivir una noche semejante.

Se equivocó.

Durante las siguientes semanas, Alejandro y Mariana salieron varias veces.

No hubo grandes cenas ni lugares elegantes.

Caminaban por plazas tranquilas de Querétaro, tomaban café o comían en pequeños restaurantes familiares.

Hablaron mucho.

Mariana le contó que estudiaba para trabajar algún día con niños y familias. Combinaba sus clases con el turno del restaurante porque quería pagar sus propios gastos.

Alejandro le contó cómo habían sido los últimos dos años.

Después de perder a su esposa, tuvo que reorganizar toda su vida.

Trabajaba administrando una pequeña empresa de consultoría y había reducido sus horarios todo lo posible para estar con Sofía.

Aun así, siempre sentía que algo quedaba pendiente.

—Durante mucho tiempo pensé que tenía que hacerlo todo perfecto —admitió.

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