El hombre se pasó una mano por el cabello.
—Me llamo Alejandro Salgado. Ella es mi hija, Sofía.
Se detuvo antes de continuar.
—Su mamá murió hace dos años.
Mariana dejó de mirar hacia la cocina.
Alejandro tragó saliva.
—Desde entonces somos ella y yo.
Aquella tarde, cuando Alejandro había recogido a Sofía del preescolar, una maestra le había contado algo que lo dejó sin palabras.
Sofía había dicho delante de otros niños que esa noche su mamá iba a llevarla a cenar por su cumpleaños.
La maestra conocía la situación familiar y había preferido hablar con Alejandro en privado.
Él esperó hasta subir al automóvil.
—Sofi, ¿por qué dijiste que mamá vendría contigo esta noche?
La pequeña bajó la mirada.
Durante unos segundos no respondió.
Después dijo algo que Alejandro nunca olvidaría.