Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

No terminó la frase.

Sacó discretamente su cartera.

—Puedo pagarle por dos horas. Lo que considere justo.

Mariana frunció el ceño.

—No es cuestión de dinero.

—Lo sé. Solo intento no abusar de su tiempo.

—¿Y qué espera exactamente que haga?

Alejandro respiró hondo.

—Sentarse con nosotros.

Eso era todo.

Ayudar a Sofía a escoger la comida.

Preguntarle por su escuela.

Escucharla.

Tal vez acomodarle el cabello o partirle el pastel.

—No quiero que invente una historia complicada —dijo Alejandro—. Ella sabe perfectamente que usted no es su mamá.

Eso sorprendió a Mariana.

—¿Lo sabe?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué…?

Alejandro miró hacia la mesa.

—Creo que no quiere creer una mentira. Solo quiere vivir la sensación por un rato.

Mariana permaneció en silencio.

Pensó en decir que no.

Probablemente habría sido la respuesta más lógica.

Estaba trabajando.

No conocía a ese hombre.

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