Viktor salió del vehículo acompañado por dos hombres.
Pero no había venido a hablar.
Llevaba una carpeta de documentos en la mano.
Entró sin llamar y dejó los papeles sobre la mesa.
—Irina, firma aquí.
Mi madre miró los documentos.
Luego levantó la mirada hacia él.
—No.
Viktor se quedó inmóvil.
Su expresión cambió.
—¿Qué acabas de decir?
—He dicho que no.
Se giró lentamente hacia mí.
Cuando comprendió que yo estaba detrás de mi madre, esbozó una sonrisa fría.
—¿De verdad pensaste que podrías asustarme con un abogado?
No respondí.
Porque justo en ese momento otro coche se detuvo frente a la casa.
Y esta vez no era mi abogado.
Eran las personas que Viktor jamás habría querido ver llegar.
La puerta se abrió.
Un hombre entró y dijo con calma:
—Señor Kravets, tenemos que hablar con usted sobre este poder notarial.