El matrimonio se basaba en el compañerismo mutuo. Amara ofrecía una
presencia constante durante los últimos años de Edward; él, a su vez, le brindaba seguridad emocional y un sentido de pertenencia. El hogar estaba formado únicamente por ellos dos. Aquella dinámica satisfacía las necesidades de ambos.
Una joven cuidadora se casó con un viudo de 70 años; diez días después, un cajón cerrado con llave reveló una verdad que transformó su perspectiva.