Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

Elena sonrió.

—Pero aquella sonrisa me recordó que la vida no se detiene cuando perdemos a alguien. Sigue avanzando. A veces sin pedir permiso.

Tomó la mano de Mariana.

—No sé por qué terminaste cenando aquí esta noche.

Mariana tragó saliva.

—Yo tampoco.

—Tal vez Sofía necesitaba aprender que hay que mirar a la gente de frente. Tal vez Ricardo necesitaba recordar algo. Tal vez tú necesitabas que alguien te recordara que todavía importas.

Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. Los ojos de Mariana volvieron a llenarse.

—No sé cómo pagarles todo esto.

Elena negó lentamente.

—La bondad no se paga.

Apretó su mano.

—Cuando puedas, la compartes con alguien más. Pero ahora tu trabajo es volver a ponerte de pie.

Mariana creyó que aquella noche terminaría allí.

Una cena.

Un baño.

Ropa limpia.

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