Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

Sofía se sentó junto a ella.

Cada cierto tiempo apoyaba la cabeza en su brazo o le enseñaba algo que había dibujado en una servilleta.

Y por dos horas Mariana dejó de sentirse como “la mujer que necesitaba ayuda”.

Simplemente era una invitada.

Después de cenar, mientras los demás se instalaban en la sala, Elena la llamó discretamente hacia la cocina.

—Quiero contarte algo.

Mariana se apoyó junto a la barra.

—Claro.

—Mi esposo murió hace cinco años.

Mariana bajó la mirada.

—Lo siento.

—El primer diciembre sin él fue terrible. Esta casa parecía enorme.

Elena respiró despacio.

—Habíamos pasado más de treinta años celebrando juntos. Cuando se fue, pensé que ya no tenía sentido preparar la cena, poner adornos o reunir a nadie.

Mariana escuchaba en silencio.

—Sofía era apenas una bebé. Una tarde la cargué y me sonrió. Probablemente ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.

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