Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

Aquella noche ya no tenía nada.

Mariana llevaba ocho meses viviendo entre albergues temporales, casas de conocidos y algunas noches en la calle.

Todo había comenzado después de la muerte de su madre.

Durante varios meses había tratado de mantenerse a flote. Primero perdió horas en el pequeño negocio donde trabajaba. Después perdió el empleo. Luego dejó de poder pagar el cuarto que rentaba.

Vendió casi todo lo que tenía.

Pidió ayuda.

Llenó solicitudes.

Buscó trabajo en cafeterías, tiendas, cocinas y pequeños comercios.

Nada había sido suficiente.

En diciembre, los espacios disponibles en los refugios temporales eran escasos. Aquella tarde le habían dicho que ya no quedaban camas.

Así que Mariana terminó sentada junto a la parroquia porque ahí podía pasar unas horas sin que nadie la echara inmediatamente.

No esperaba que nadie se fijara en ella.

Mucho menos una niña.

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