Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

Familia era poder llegar un domingo, abrir el refrigerador y escuchar a Elena gritar desde la cocina:

—¡No agarres el postre antes de cenar!

Mariana sonrió al recordarlo.

Aquella noche se sentó en la mesa junto a Sofía.

La niña apoyó la cabeza contra su brazo.

—Mariana.

—¿Sí?

—¿Te acuerdas cuando te encontré?

Ricardo levantó una ceja.

—¿Cuando tú la encontraste?

—Sí. Yo la encontré.

Mariana sonrió.

—Me acuerdo perfectamente.

—Estabas triste.

—Mucho.

Sofía pensó durante unos segundos.

—Pero ya no estás triste.

Mariana miró alrededor.

A Elena sirviendo comida.

A Ricardo discutiendo con su madre porque aseguraba que le había puesto una porción demasiado grande.

A los dibujos pegados junto al refrigerador.

Después volvió a mirar a la niña.

—A veces sí.

Sofía pareció sorprendida.

—¿Todavía?

—Claro. Todos estamos tristes algunas veces.

—¿Y qué haces?

Mariana le pasó un brazo alrededor de los hombros.

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