A la hora de comer, Diego preguntó:
—Papá, ¿tú eres rico?
Alejandro casi se atragantó con el agua.
—Tengo más dinero del que necesito.
Mateo frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué mamá dice que el dinero no arregla todo?
Alejandro miró los 3 rostros frente a él.
—Porque tiene razón.
—¿Y qué no puede arreglar? —preguntó Emiliano.
Alejandro pensó en los cumpleaños ausentes, en las cartas escondidas, en la boda cancelada, en 5 años que nadie podía devolverle.
—El tiempo.
Los niños guardaron silencio.
Diego, que rara vez permanecía quieto, se acercó y apoyó la cabeza en su brazo.
—Pero hoy sí estás.
Aquellas 4 palabras se quedaron con Alejandro.
Esa noche, al devolverlos a casa, Carmen lo encontró dormido en el sofá entre los 3 niños, agotados después del zoológico. Sobre la mesa estaban los dibujos, un dinosaurio de plástico, el cuaderno de Mateo y una partitura de Emiliano.Cuando Alejandro despertó, Carmen estaba colocando una manta sobre los niños.