—Que no sabías que existían.
Y entonces escuchó, lejos del teléfono, una voz infantil preguntar:
—Mamá, ¿es él?
PARTE 3
Alejandro no durmió.
Antes del amanecer ya había leído 3 veces cada carta de la carpeta. Carmen había escrito durante el embarazo, después del nacimiento y en distintos momentos de los primeros años. Nunca le reclamaba dinero. Nunca lo insultaba. Repetía lo mismo de distintas formas: “Tienes derecho a saber que existen”.
Eso fue lo que más le dolió.
Durante años había contado la historia de Carmen como si ella hubiera sido la mujer que no creyó en él. Ahora descubría que él también había construido una versión conveniente del pasado. Ella se marchó porque él había convertido el trabajo en el centro de todo. Y luego, cuando quiso avisarle que serían padres, Alejandro había dejado su vida personal en manos de una mentora que confundía protección con control.