Camilo tampoco dijo nada.
Dos días después pudieron regar los sembradíos.
El maíz sobrevivió.
La noticia se extendió por el pueblo.
Algunos vecinos comenzaron a acercarse para comprar productos directamente.
Otros ofrecieron ayuda.
Incluso antiguos trabajadores de La Esperanza regresaron voluntariamente durante la cosecha.
La finca parecía despertar.
Sin embargo, Lorenzo Barragán no estaba dispuesto a desaparecer.
Una mañana Camilo encontró varias cabezas de ganado fuera del corral.
La cerca occidental había sido cortada.
No estaba rota.
Había sido cortada limpiamente.
Dos animales desaparecieron.
Camilo siguió las huellas hasta el camino principal.
Allí desaparecían junto a marcas recientes de neumáticos.
Facundo entendió inmediatamente.
—Barragán.
—No podemos demostrarlo.
—No necesito demostrarlo para saberlo.
Camilo respiró profundamente.
—Entonces debemos protegernos.
Colocaron cadenas nuevas.
Instalaron lámparas.
Algunos vecinos prometieron vigilar los caminos durante las noches.
Pero Lorenzo tenía otra estrategia.