Tres semanas antes del vencimiento del préstamo, el banco envió una notificación.
La deuda era mayor de lo esperado.
Existían intereses atrasados que Facundo no había comprendido completamente.
La cantidad necesaria casi duplicaba sus cálculos.
Facundo dejó caer la carta.
—Se terminó.
Camilo la leyó tres veces.
—Todavía no.
—No tenemos ese dinero.
—Tenemos cosecha.
—No suficiente.
Camilo caminó hacia la puerta.
—Entonces venderemos directamente en la ciudad.
Facundo negó con la cabeza.
—No tenemos transporte.
—Conseguiremos uno.
Camilo pasó aquella tarde hablando con vecinos.
El carnicero prestó una camioneta.
La panadera ofreció cajas.
Tres agricultores ayudaron a empacar.
Al amanecer siguiente, Camilo salió hacia la ciudad con todo lo que La Esperanza podía vender.
Tomates.
Maíz.
Frijoles.
Calabazas.
Huevos.
Quesos preparados por una familia vecina usando leche del ganado de Facundo.
Durante cuatro días vendió en mercados, restaurantes y pequeñas tiendas.