—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

También hubo silencios largos.

Camilo trabajó lejos de la casa para darles privacidad.

Al anochecer Elena se acercó.

—Mi abuelo dice que faltan dieciocho mil.

Camilo asintió.

—Tenemos doce días.

—Yo puedo pagar esa cantidad.

Camilo la miró sorprendido.

—Entonces la finca está salvada.

Elena negó.

—Mi abuelo no aceptará.

Camilo sabía que tenía razón.

—Dice que sería robarle el dinero de Gabriel por segunda vez.

Elena miró hacia la casa.

—Necesito que me ayude a convencerlo.

Camilo pensó durante unos segundos.

—No.

Ella frunció el ceño.

—¿No?

—Si lo obligamos, sentirá que perdió.

Camilo miró los campos.

—Tenemos que conseguir que La Esperanza salve a La Esperanza.

La oportunidad apareció dos días después.

Un chef de la ciudad llamó.

Había probado los tomates de Camilo.

Administraba varios restaurantes y buscaba proveedores pequeños con productos frescos.

Quería visitar la finca.

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