—Sigues siendo exactamente igual.
Camilo decidió alejarse.
Pero Elena lo detuvo.
—¿Usted es Camilo?
—Sí.
—Entonces usted es el responsable.
Camilo se sorprendió.
—¿De qué?
Elena miró los campos.
—De que mi abuelo vuelva a hablar de esta finca como si estuviera viva.
Facundo bajó los ojos.
Elena había recibido llamadas de antiguos vecinos.
Le contaron sobre el joven que apareció sin nada y comenzó a reparar La Esperanza.
También le hablaron del depósito de Gabriel.
Eso la hizo regresar.
—Mi padre me llevaba allí cuando yo era niña.
Elena caminó hasta tocar una pared recién reparada.
—Decía que algún día esta finca tendría agua incluso durante las peores sequías.
Facundo se quedó detrás.
—Tenía razón.
Elena lo miró.
—Casi siempre la tenía.
El viejo sonrió tristemente.
Aquella tarde hablaron durante horas.
Hubo reproches.
Hubo lágrimas.