Camilo estaba dispuesto a vender su mochila, sus botas y hasta el viejo reloj de su padre.
Entonces Elena entró.
Colocó una pequeña caja sobre la mesa.
Dentro había varios sobres.
—¿Qué es esto? —preguntó Facundo.
—Ábralos.
Había dinero.
Billetes pequeños.
Monedas.
También notas escritas a mano.
“Por Gabriel.”
“Por los tomates de La Esperanza.”
“Por los años que don Facundo ayudó a nuestra familia.”
“Para que la finca siga siendo del pueblo.”
Elena sonrió.
—Los vecinos reunieron ochocientos doce.
Facundo se cubrió el rostro con ambas manos.
Camilo miró hacia otro lado para esconder sus lágrimas.
A la mañana siguiente llegaron al banco.
Facundo llevaba el sombrero de Gabriel sobre las rodillas.
Camilo empujaba su silla.
Elena caminaba junto a ellos.
Pagaron la deuda.
Cuando el empleado estampó el recibo, Facundo permaneció mirando aquel papel durante varios segundos.
Después se lo entregó a Camilo.