Revive cuando alguien decide quedarse.
Revive cuando alguien vuelve a confiar.
Revive cuando dos personas heridas dejan de preguntarse qué perdieron y comienzan a preguntarse qué todavía pueden construir.
Por eso, durante muchos años, quienes atravesaban el portón de La Esperanza podían leer una frase tallada sobre madera.
Camilo la había colocado después de la muerte de Facundo.
Decía simplemente:
“Aquí nadie llega demasiado tarde para empezar de nuevo.”