—Usted perdió a su hijo. Yo perdí a mis padres. Déjeme trabajar sus tierras.-lbsuong

Tampoco olvidaba la noche cuando durmió hambriento dentro del granero, acompañado solamente por Duque.

Porque Camilo comprendió finalmente que aquel rechazo no había sido el final de su camino.

Había sido la puerta.

Una puerta rota, torcida y escondida detrás del miedo de un hombre que había sufrido demasiado.

Camilo solo tuvo que quedarse el tiempo suficiente para ayudar a abrirla.

Y cada temporada, cuando los primeros brotes verdes aparecían entre los surcos, él sentía que Facundo seguía observando.

No desde la tristeza.

No desde el pasado.

Sino desde algún lugar donde los hombres finalmente comprenden que amar algo también significa permitirle continuar sin nosotros.

La Esperanza nunca volvió a quedarse vacía.

Siempre hubo trabajadores en sus campos.

Niños jugando cerca del corredor.

Ganado junto al bebedero.

Agua corriendo por los canales construidos por Gabriel.

Y un hombre que había llegado sin familia enseñando a todos que ninguna tierra revive únicamente con semillas.

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