—Pensé que los jóvenes dormían hasta tarde.
—Pensé que los viejos también.
Facundo frunció el ceño.
Después ambos comenzaron a reír.
La primera tarea fue reparar completamente el corral.
Camilo necesitó cuatro días para reemplazar postes, tensar alambres y reforzar las entradas con madera recuperada.
Facundo observaba cada movimiento desde su silla.
Criticaba casi todo.
—Ese poste está torcido.
—No está torcido.
—Tengo setenta y cuatro años, pero todavía veo.
Camilo colocaba el nivel sobre la madera.
—Está perfectamente derecho.
—Entonces el suelo está torcido.
Así transcurrieron las semanas.
Discutían constantemente.
Sin embargo, cada noche Facundo dejaba comida sobre la mesa de Camilo.
Y cada amanecer Camilo empujaba la silla del anciano hacia los campos para preguntarle qué debía hacerse primero.
Comenzaron por el agua.
Dos de los antiguos canales estaban completamente bloqueados.
Un tercer canal había desaparecido bajo años de piedras, ramas y sedimentos.