Camilo trabajó seis días limpiándolo.
Cuando finalmente abrió la compuerta, el agua avanzó lentamente por la zanja recuperada.
Facundo la observó acercarse al sembradío.
Sus ojos brillaron.
—Gabriel construyó ese canal.
Camilo no respondió.
Había aprendido que algunos recuerdos necesitaban silencio.
Durante el segundo mes plantaron nuevas hileras de maíz.
También sembraron frijol, calabaza y una pequeña parcela de tomates junto a la casa.
Facundo conocía aquella tierra mejor que cualquier mapa.
Sabía dónde retenía humedad.
Sabía dónde aparecían hongos después de lluvias largas.
Incluso recordaba cuáles árboles de mango habían producido frutas más dulces treinta años atrás.
Camilo tenía fuerza.
Facundo tenía memoria.
Juntos comenzaron a devolverle forma a La Esperanza.
Pero los problemas no tardaron en aparecer.
Una tarde llegó una camioneta negra.
De ella bajó un hombre corpulento, vestido con camisa blanca, botas impecables y un reloj demasiado brillante.