—¡Mariana, basta!
Alejandro me observó confundido.
—¿Qué pasa?
Saqué la carpeta.
—Durante casi dos años, Rodrigo ha estado transfiriéndole dinero a Valeria.
Puse los estados de cuenta sobre la mesa.
Alejandro tomó la primera hoja.
Luego la segunda.
Después la tercera.
Su expresión cambió lentamente.
—¿Ciento cuarenta y tres mil pesos?
Nadie respondió.
—¿Por qué?
Rodrigo habló por fin.
—Alejandro, déjame explicarte.
—Te pregunté por qué.
—Ella estaba pasando por momentos difíciles.
Alejandro soltó una risa seca.
—¿Mi esposa estaba pasando por momentos difíciles y decidió contártelos a ti, pero no a mí?
Valeria comenzó a llorar.
—No fue así.
Puse sobre la mesa la fotografía del recibo de la joyería.
—También está esto.
Alejandro lo miró.
—¿Una pulsera?
Luego observó la muñeca de su esposa.
Valeria escondió instintivamente la mano.
Ese movimiento fue peor que cualquier explicación.