Volví 3 horas antes y encontré a mi madre de 68 años de rodillas fregando el baño, mientras mi marido y mi suegra veían tranquilamente la televisión. Al ver 4 moratones en su muñeca, mi suegra soltó: «Está viviendo aquí gratis». No discutí: cogí a mis hijos, bloqueé las tarjetas y abrí la casa contigua. Entonces ella palideció al ver las ventanas del sótano.

PARTE 1

Lucía Serrano volvió a casa 3 horas antes de lo previsto y encontró a su madre de 68 años de rodillas, fregando el baño de su suegra mientras sus gemelos lloraban abrazados a ella.

El tren desde Barcelona había llegado a Madrid antes de tiempo, 2 días antes de Nochebuena. Lucía llevaba 8 días fuera cerrando un acuerdo y no avisó a nadie. Quería sorprender a Mateo y Alba, recién cumplidos los 3 años.

En lugar de escuchar sus carreras por el pasillo, oyó a Mercedes, su suegra.

—Carmen, cuando termines ahí, queda el baño de arriba. Y luego las camisas de Álvaro.

Lucía dejó la maleta en el recibidor.

Su madre estaba arrodillada junto al inodoro, con guantes amarillos y un cepillo entre los dedos deformados por la artritis. Mateo se aferraba a su cadera. Alba lloraba sentada en el suelo.

Carmen alzó la vista.

—Hija… has vuelto pronto.

Lucía se agachó para ayudarla. Entonces vio una mancha morada bajo su pómulo izquierdo.

—¿Qué te ha pasado?

—Me resbalé.

La mentira le dolió más que el golpe.

En el salón, Álvaro veía fútbol con una cerveza. Mercedes tenía los pies apoyados frente a una bandeja de platos sucios.

—Qué bien que hayas vuelto —dijo—. Dile a tu madre que espabile.

—Mi madre no es vuestra empleada.

Mercedes soltó una risa seca.

—Está aquí gratis.

Era falso. Carmen había llegado 12 días antes para cuidar a los niños durante el viaje de Lucía. Álvaro había prometido contratar a alguien para la limpieza.

Al levantar a Carmen, la manga del jersey se deslizó.

Había 4 marcas oscuras alrededor de su muñeca.

Dedos.

—Mamá, ¿quién te ha agarrado así?

Carmen se cubrió rápidamente.

Álvaro apareció en la puerta.

—Lucía, no montes un espectáculo.

—Voy a sacar de aquí a mi madre y a los niños.

Él se colocó delante.

—Los niños no salen.

—Apártate.

—Haz una escena y mañana llamo a un abogado. Mi madre puede declarar que siempre estás viajando y que Carmen ya no está para cuidar de nadie.

Mercedes cruzó los brazos.

—Yo he visto muchas cosas.

Entonces Lucía recordó a su padre.

Rafael había muerto 7 meses antes. 3 días antes de morir le había susurrado:

—Si un día ves a tu madre herida, no discutas. Abre el compartimento falso de su máquina de coser.

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