Lucía nunca lo había hecho.
Hasta aquella tarde.
Tomó a los niños, la pequeña maleta de Carmen y salió. Pero no fue al coche. Caminó hasta el adosado pegado al suyo, una vivienda que Álvaro creía embargada y vacía desde hacía años.
Lucía apoyó el pulgar en la cerradura digital.
La luz se volvió verde.
Álvaro palideció.
—¿Cómo tienes acceso?
—Porque esta casa nunca fue del banco.
Mercedes salió al jardín. No miró a su hijo. Miró directamente a las pequeñas ventanas del sótano.
Y dijo, casi sin voz:
—Tu padre prometió que nadie volvería a abrir ese sótano.
PARTE 2
Lucía se quedó con una mano sobre la puerta.
Rafael llevaba 7 meses muerto. Álvaro le había repetido durante 3 años que la vivienda contigua estaba atrapada en un pleito con el banco. Sin embargo, Mercedes acababa de hablar del sótano como quien recuerda una conversación que nunca debió existir.
—¿Qué sabes tú de mi padre?
Mercedes avanzó un paso.
Lucía cerró casi por completo.
—Ni se te ocurra entrar.
Álvaro levantó las manos.
—Estás mezclando cosas.
—Entonces explícame por qué tu madre conoce una casa que tú asegurabas que estaba vacía.
Ninguno respondió.
Dentro, Carmen sentó a Alba en el sofá. Mateo no se separaba de ella. La vivienda estaba amueblada, caliente y limpia. Rafael la había comprado 3 años antes a través de una sociedad patrimonial familiar y la había dejado jurídicamente fuera del alcance de cualquier futuro régimen matrimonial de Lucía.
Ella siempre creyó que era una inversión.
Ahora entendía que era una salida.
—Mamá, ¿qué pasó aquí hace 3 años?
Carmen apretó un vaso de agua entre las manos.
—Tu padre descubrió algo de Álvaro. No quiso decirme todo. Solo me pidió que no entrara en esta casa y que conservara mi máquina de coser pasara lo que pasara.
Lucía abrió el armario del recibidor. Allí estaba la vieja Singer que había mandado trasladar semanas antes, después de vender el piso de sus padres.
Rafael le había indicado el lugar exacto: bajo la base de madera, detrás de una lámina que parecía fija.
Lucía presionó 2 tornillos ocultos.
La pieza cedió.
Dentro había una llave pequeña, un sobre con su nombre y una tarjeta de un notario de Madrid.