Volví a casa en nochebuena sin avisar y encontré a mi hija de 10 años de rodillas, boleando botas ajenas. mi hermana se burló: “es nuestra sirvienta, primero comen las visitas”. Había 9 platos en la mesa… Ninguno era para ella. lo que hice después y quién me había mandado llamar dejó a todos helados.

Y fue la mejor cena de Navidad de toda mi vida, porque, por fin, mi hija estaba sentada donde siempre debió estar: a mi lado, en primera fila.

Dicen que en México la familia es primero.

Pero la familia no es la que te humilla para ganarte un taco.

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