Volví de París 3 días antes y me escondí bajo la cama al oír entrar a mi marido con una mujer embarazada. Mientras él acariciaba su vientre, escuché: “Cuando Laura desaparezca, los 18 millones serán nuestros”. No salí ni lloré; llamé a mi abogada y guardé las escrituras. Entonces encontré una carpeta con el nombre de mi padre, fechada 11 días antes del accidente.

—Escuché lo del bebé, los 18 millones, el poder y cómo presumías de haber tocado 1 pieza del coche de mis padres.

—Estás sacando frases de contexto.

—Entonces explícalas ante quien corresponde.

Sergio había trabajado 22 años en aquel taller. Recordaba a Álvaro porque, poco antes del accidente, apareció con el coche del padre de Laura diciendo que quería revisar un ruido. Días después volvió solo y ofreció dinero para usar el elevador sin supervisión. Sergio se negó.

—Ese hombre puede inventar lo que quiera —dijo Álvaro.

—Y tú puedes defenderte —respondió Laura—. Lo que ya no voy a hacer es protegerte.

Las diligencias continuaron durante horas. En el vestidor de Beatriz apareció la caja que Natalia había descrito. Dentro había pólizas, rutas impresas, correos antiguos, fotografías del vehículo y documentos sobre los bienes de la familia Santamaría.

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