Volví de París 3 días antes y me escondí bajo la cama al oír entrar a mi marido con una mujer embarazada. Mientras él acariciaba su vientre, escuché: “Cuando Laura desaparezca, los 18 millones serán nuestros”. No salí ni lloré; llamé a mi abogada y guardé las escrituras. Entonces encontré una carpeta con el nombre de mi padre, fechada 11 días antes del accidente.

—Firma aquí, cariño.

Laura tomó la pluma.

Y sonó el timbre.

PARTE 3

Beatriz levantó la vista, molesta.

—¿Quién viene a estas horas?

Laura dejó la pluma sobre el mantel.

—Alguien que llevaba años llegando tarde.

Abrió la puerta. Inés entró acompañada por 2 agentes de policía judicial y por Sergio Lamas, antiguo encargado de un taller de Toledo.

Álvaro lo reconoció al instante.

—¿Qué significa esto?

—Que no voy a firmar nada —respondió Laura.

Inés explicó que la documentación entregada esa mañana había permitido solicitar diligencias urgentes por una posible falsificación, un intento de apropiación patrimonial y nuevos indicios relacionados con el accidente de los padres de Laura.

Álvaro se rio con rigidez.

—No hay ninguna prueba.

Laura lo miró sin temblar.

—Regresé el jueves. Estaba debajo de nuestra cama cuando entraste con Natalia y tu madre.

Beatriz perdió el color.

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