A 5 minutos de una operación urgente, me puse por error la bata de mi residente y encontré una nota escrita por mi marido. Mientras ella trabajaba a mi lado como si nada, leí: «Pronto dejaré a mi mujer». No hice una escena; guardé la nota y entré al quirófano. Entonces vi el rostro del paciente y reconocí al hombre que desapareció de mi vida hace 17 años.

Laura leyó los resultados 2 veces.

Después una tercera.

El especialista había recomendado estudiar seriamente un factor masculino importante antes de continuar sometiendo a Laura a determinados procedimientos.

Javier jamás se lo había contado.

Ella había pasado años creyendo que su propio cuerpo era el responsable.

Recordó a su suegra, Mercedes de la Vega, preguntando en cada Navidad:

—¿Todavía nada?

Recordó también aquella comida familiar en Segovia cuando Mercedes dijo delante de 12 personas:

—Una casa sin niños termina pareciendo un hotel.

Javier había permanecido callado.

Laura sintió una mezcla de tristeza y repulsión.

No solo le había ocultado la verdad.

Había permitido que su propia familia la responsabilizara.

La puerta principal se abrió.

Javier regresó antes de lo habitual.

Al verla en el despacho, se quedó inmóvil.

—¿Qué haces aquí?

Laura colocó sobre la mesa la fotografía del acuerdo con Marcos.

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