A 5 minutos de una operación urgente, me puse por error la bata de mi residente y encontré una nota escrita por mi marido. Mientras ella trabajaba a mi lado como si nada, leí: «Pronto dejaré a mi mujer». No hice una escena; guardé la nota y entré al quirófano. Entonces vi el rostro del paciente y reconocí al hombre que desapareció de mi vida hace 17 años.

Laura fotografió todo.

Después encontró varias copias de cartas.

Una de ellas le resultaba familiar.

Era prácticamente idéntica a la despedida que había recibido 17 años atrás.

Pero aquella copia tenía correcciones manuscritas.

Javier había cambiado frases.

«Necesito comenzar otra vida» estaba sustituido por «Ya no siento lo mismo por Laura».

La carta que destruyó a Laura probablemente había sido preparada por el hombre que después se presentó como su salvador.

Todavía quedaba algo más.

En otro sobre aparecieron informes médicos.

Laura reconoció inmediatamente los logotipos de las clínicas de fertilidad donde había realizado tratamientos durante casi 7 años.

Había soportado pruebas, procedimientos, medicación y meses enteros de frustración.

Javier siempre repetía lo mismo.

—No pasa nada, cariño. El problema no importa. Seguiremos intentándolo.

Entre aquellas hojas apareció un informe de andrología realizado a Javier 9 años atrás.

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