Cuando le conté todo, me hizo una sola pregunta:
—¿Qué necesitas?
—Encontrar a mis padres biológicos.
Sofía se quedó callada.
Yo había crecido en una casa hogar de Puebla. Nunca conocí a mi familia. Pero por primera vez necesitaba saber de dónde venía.
No buscaba una familia rica.
Buscaba una respuesta.
Sofía contactó a una organización especializada en personas desaparecidas y registros antiguos.
Mientras tanto, acepté trabajar con ella en su pequeño consultorio psicológico.
Contestaba teléfonos, archivaba expedientes, preparaba café.
Después de haber vivido en una mansión, cobrar un sueldo modesto podría haberme parecido humillante.
No lo fue.
Humillante había sido pedir permiso para respirar dentro de mi propia casa.
Dos semanas después recibí una llamada.
—¿Hablo con Valeria Cruz?
—Sí.
—Soy secretario del señor Héctor Alcázar. Él desea verla personalmente.
Conocía ese apellido.