Grupo Alcázar era uno de los conglomerados inmobiliarios y financieros más grandes del país.
Acepté por curiosidad.
Al día siguiente un automóvil me llevó hasta una residencia en Bosques de las Lomas.
Héctor Alcázar tenía casi sesenta años, cabello entrecano y una mirada que cambió en cuanto me vio.
—Valeria… hace veinticinco años perdí a mi hija en una terminal de autobuses de Puebla.
Sentí un escalofrío.
—Tenía dos años. Llevaba un suéter rojo. Y tenía una pequeña mancha azulada en la muñeca izquierda.
Miré mi brazo.
La mancha seguía allí.
Héctor tragó saliva.
—Nunca dejamos de buscarla. Hace poco encontramos un registro antiguo de una niña ingresada en una casa hogar dos días después de su desaparición. El grupo sanguíneo coincide.
Su voz se quebró.