Nuestra amistad era sencilla. Hasta que otro niño la complicó.
Una tarde, la maestra Julieta anunció que se iba a casar. El salón estalló. Todos tenían opiniones: pastel de chocolate, pastel de vainilla, flores, música, y alguien exigía una cama elástica.
Nico levantó la mano.
—En mi boda habrá pastel de chocolate.
—Excelente elección, Nico.
—Y sin canciones lentas, maestra Julieta. Son aburridas.
Un niño del otro lado de la mesa resopló.
—Tú no te vas a casar, Nico.
Nico lo miró.
—Sí me voy a casar.
—¿Con quién?
—Todavía no sé.
—Nadie se va a casar contigo.
Recuerdo el segundo exacto en que se le borró la sonrisa a Nico. Se miró las manos. Algo caliente me subió al pecho.
—Eso es feo, Ramiro.
—¿Y qué?
—Alguien va a querer a Nico.
—Entonces cásate tú con él.
Una ola de risitas cruzó el salón.