No respondí.
Me quedé mirando la oscuridad hasta que se durmió.
Sabía que al día siguiente tendría que despedirme del hombre con quien había imaginado envejecer.
Pero también sabía que aquella despedida sería diferente de lo que él esperaba.
El aeropuerto y la actuación perfecta
Llegamos al aeropuerto a las ocho de la mañana.
Julián estaba nervioso.
Miraba constantemente el teléfono.
Me dijo que un compañero de trabajo viajaría en el mismo vuelo, pero que prefería despedirse de mí antes de reunirse con él.
Ahora sabía por qué.
Isabel también estaba allí.
La había visto unos minutos antes, cerca de una cafetería.
Llevaba un abrigo beige y una pequeña maleta.
Su vientre embarazado era visible bajo la ropa.
Cuando nuestros ojos se cruzaron, ella apartó la mirada.
No sé si me reconoció.