—Aquella noche casi no abro.
Miró hacia la casa.
A través de la ventana se veía a Iván poniendo un plato más en la mesa.
—Pero abrió.
Me quedé escuchando las voces que llegaban de la cocina.
Durante dos años había dejado la silla de Manuel vacía.
Esa tarde entré, la acerqué a la mesa y le dije al muchacho que trajera otra cuchara.