—Entonces, ¿qué esperas de mí?
—Que nunca vuelvas a llamar defecto a la libertad de una mujer.
Pilar tardó meses en ofrecer una disculpa sin condiciones. Lucía la aceptó, pero no le devolvió la intimidad que había perdido. Perdonar, comprendió, no obligaba a abrir de nuevo todas las puertas.
En una terraza discreta de Cádiz, Álvaro entregó a Lucía una caja. Dentro había una alianza sencilla con una frase grabada: “Elige siempre tu cielo”.
No se arrodilló. No había fotógrafos ni flores llegadas de otro país.
—No quiero pedirte que vuelvas a ser la esposa que fuiste —dijo—. Quiero saber si algún día aceptarías construir conmigo una vida que no se parezca a aquella.
—¿Y si mi carrera sigue siendo mi prioridad?
—Aprenderé tus horarios.
—¿Y si vuelven a trasladarme?
—Compraremos 2 billetes.
—¿Y si necesito tiempo?
—Esta vez sabré esperar sin exigirte que te quedes quieta.