—Porque así me recuperé a mí. Que él aprendiera a amarme fue su viaje, no el mío.
Aquella noche, al llegar a casa, encontró una pequeña tarta de limón con 1 vela. Álvaro estaba ajustando una alarma en el móvil.
—¿Qué celebramos? —preguntó ella.
Él la miró, alarmado.
—Tu cumpleaños.
—Es mañana.
Álaro palideció. Lucía mantuvo el gesto serio durante 2 segundos y después estalló en carcajadas.
—Era una broma.
—Eso ha sido cruel.
—Te lo ganaste hace años.
Él encendió la vela y le pidió que formulara un deseo. Lucía contempló la llama. Tiempo atrás habría deseado que Álvaro la eligiera. Ahora sabía que ninguna elección ajena debía valer más que la propia.
Sopló la vela sin pedir nada.
Porque algunas personas necesitan perder un hogar para aprender a cuidar otro; y algunas mujeres necesitan cruzar el océano para descubrir que nunca estuvieron huyendo: estaban regresando a sí mismas.